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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Sobre la escalera

Y me quedé allí sobre la escalera, donde Ella decidió que esperase, a medio camino entre el placer que intuía en el piso de arriba y el dolor que escondía la salida de incendios. Y aguanté allí, estoicamente entregado, sumergido en los pocos recuerdos que había logrado reunir.

Pasaba el tiempo y ningún músculo olvidaba el hecho de encontrarse en aquella incómoda postura. Las cuerdas disfrutaban como nunca buscando sus límites, cumpliendo su objetivo y saciando su sed con algún lamento desertor de mis ojos.

Y nadie subió, nadie bajó, nadie habló; nada escuché y sin embargo mucho sentí. Imaginé sus pasos, pero se hizo el silencio y busqué el equilibrio para no sufrir más de lo necesario. Mas debía pagar, debía entender y debía aprender para no repetir.

Y cayó la noche y agradecí estar así; lo agradecí porque era necesario. "9 horas, 9 horas, 9 horas es demasiado", repetí una y otra vez ya cansado. Y los párpados pesaron, sonreí vagamente al recordar que estas cosas ocurren, y cayeron; lo hicieron como un telón de acero que me apartó de la realidad y la mente se apagó sin previo aviso. Ya era una estatua de piedra.

martes, 4 de diciembre de 2012

El rincón de la reflexión

No sé cuántos voy a recibir. Ni siquiera sé por qué los voy a recibir; ya tendré tiempo luego para descubrirlo. Lo único seguro es que cuando termine de azotarme, pasaré la noche en el rincón de la reflexión. Está así establecido. Ella se meterá en la cama y yo me levantaré e iré directo a la habitación de invitados. Curioso nombre para una habitación en la que no hay absolutamente nada salvo una webcam apuntando directamente hacia una de las esquinas.

Entraré, activaré la cámara para que ella pueda verme desde su habitación y me quedaré toda la noche de pié, desnudo y con las manos en la espalda en mi rincón. Pensaré en qué hice mal, qué fue lo que le molestó, qué es lo que debo hacer para que no se repita y qué voy a hacer mañana para compensarle.

Sé lo que hará ella mientras. Su habitación está a una temperatura perfecta: es una de las normas básicas que debo cumplir diariamente. Se desnudará lentamente mientras me observa y sonreirá. Le encanta sentir ese enorme poder sobre mí. Adora esa libertad de hacer y conseguir todo lo que quiere: esa es mi misión, ese es mi sentido.

Luego, se deslizará magistralmente entre las sábanas, pondrá ese disco de nocturnos de Chopin que tanto le gusta, y poco a poco se irá quedando dormida mientras las sábanas acarician dulcemente todo su cuerpo. No perderá la sonrisa, nunca la pierde. Es su mejor arma.

Ha terminado. Es hora de ir al rincón de la reflexión.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Posa para mí...

Siempre me ha gustado la fotografía. Cuando vi su trabajo me quedé impresionado y no oculté mi enorme admiración.

-Subjetivo, eres muy subjetivo: tú opinión no me sirve porque no puedes evitar tenerme en un pedestal- dijo ella con una sonrisa pícara que intentaba provocar algún tipo de enfado en mi interior.

Le encantaba quitarme de mis casillas y la verdad es que, como demostraba mi cara enrojecida, a mí me excitaba que lo hiciese. Era ese bonito juego del gato y el ratón pero en este caso ella era una leona y yo cualquier presa fácil intentando estúpidamente hacerle frente en lugar de echar a correr.

Un día le pedí formar parte de su colección de fotos. Sabía que ella podría convertirme en una obra de arte porque todo cuanto ella tocaba o simplemente miraba con su objetivo cambiaba de nombre: arte.

- Está bien, pero te advierto que soy muy exigente y si quieres posar para mí, tendrás que hacer todo lo que yo te diga, ¿entendido?- dijo sin esperar réplica alguna.

¿Sabéis eso que se dice en las películas de sentir mariposas en el estómago? Lo que yo sentía era una mezcla de excitación, miedo y algo subiendo desde mi estómago rozando sus alas contra todo aquello que encontraba en su camino. No existe ninguna otra sensación parecida a esa.

- Por supuesto. Tú mandas- contesté. Una esbelta sonrisa pobló su cara mientras sus ojos crecían sin parar cobrando un brillo fuera de lo habitual.

- Ven- dijo cogiendo mi mano, abriendo una puerta y guiándome al interior de un cuarto oscuro. Allí, en la penumbra, comenzó a besarme, acariciarme y a desvestirme con una suavidad y una dulzura digna de una Diosa. Mi cuerpo no respondía, una sensación de paz me llenaba por dentro.

- Shhhh...- susurró intuyendo que estaba a punto de hacer una pregunta. Me conocía tan bien... Nadie había conseguido ver mis pensamientos antes de que ellos se manifestasen: era increíble y me encantaba que ejerciese ese tremendo poder sobre mí.

Sin darme cuenta, como una droga de terrible acción relajante, en medio de una danza demoníaca y lujuriosa, me había quitado toda la ropa excepto la camisa. A pesar de la oscuridad, pude ver sus ojos mirándome fíjamente cuando se acercó a escasos centímetros de mi boca. Inclinó la cabeza y, pasando su mano derecha por encima de mí, pulsó un interruptor. Una luz roja iluminó tímidamente la habitación. La otra mano bajó suavemente ordenando a cada botón de mi camisa que se hiciese a un lado; ninguno osó rebelarse. Posteriormente, el tándem formado por sus manos trepó por mi torso desnudo y mis brazos se elevaron en sincronía como si fuesen cómplices de los deseos de aquella mujer.

No sé cómo lo hizo. Fue como si involuntariamente hubiese deseado estar atado a la barra que atravesaba el techo de lado a lado. Y así fue: lo último que recuerdo es la normalidad con la que acepté que tapase mi boca con una suave mordaza. Sonrío y, acariciando mi nariz con su dedo índice, dijo:
- Tenemos mucho trabajo por delante, procura esforzarte ¿eh? Esa postura puede llegar a ser un tanto incómoda al cabo de varios días y toda obra que se precie... no se crea en unas horas ¿sabes? Ay... no sabes dónde te has metido pequeño. Yo te enseñaré jejej- Sentenció informándome mientras el flash de la cámara iniciaba un aluvión de repeticiones.

Revelando mi timidez, mi cara enrojeció y mis ojos no puedieron evitar fijarse en aquel objetivo contemplando de fondo la sonrisa más bonita que he visto nunca. La sonrisa de Susana.

lunes, 13 de agosto de 2012

Bajo control


No es posible. No puedo moverme. No puedo dejar de mirar esa luz... esa luz... ¿Cómo he llegado a esta situación?
- Sshhhh... tranquilo, ya falta poco - susurró ella mientras apoyaba su pié descalzo sobre mi espalda destruyendo todas mis esperanza de liberarme.
Esa voz... esa seguridad cuando habla... esa mezcla de dulzura y dominación... Mi pene hablaba por mí: no podía negar que me gustase la situación. Estaba bajo su control absoluto.

domingo, 29 de julio de 2012

Un baño reconfortante

Es uno de sus momentos preferidos; se lo noto en la mirada y en esa sonrisa que me hace cómplice de lo que va a ocurrir.
- Prepara el baño y procura que me reconforte -dice revolviéndose entre las sábanas con voz melosa. Es su única orden, el resto debe inventarlas mi imaginación encargándose de que yo las cumpla y el resultado sea de su agrado.
El agua está en su punto, está lo suficientemente caliente para meter una mano y no querer quitarla jamás. La habitación está a la temperatura adecuada, el vapor del agua y el termostato del aire acondicionado garantizan que mi ama pueda pasear su cuerpo desnudo hasta la bañera sin tener que apresurar el paso por esa molesta sensación de estar pasando frío: la odia.
En la entrada, una toalla cubre el suelo a modo de alfombra de bienvenida. Varias velas cuidadosamente situadas (sólo aquellos puntos que ella desea que emitan luz) iluminan la sala y algunas incluso se toman la licencia de reflejarse en un agua que no les pertenece.
Alrededor de la bañera todo tipo de esponjas, geles y otro tipo de productos de higiene y belleza se exponen para que ella pueda dirigirme si no le gusta lo que he preparado: soy libre en esta tarea pero ella también lo será luego para castigarme en busca de mejores resultados (a veces simplemente lo hace por ver si me estoy esforzando al máximo; es un reto para ella mi adiestramiento).
Ya he terminado. Vuelvo a la habitación donde reposa mi diosa y me dispongo a interrumpir su sueño para transmitirle el mensaje de que todo está listo. No puedo hablar, no le gusta despertar con sonidos. De rodillas me aproximo a sus piés desnudos y comienzo a besarlos suave y lentamente. Unos minutos después empieza a moverse: sabe que es el momento pero va a disfrutar de un lento despertar recreándose entre besos, lametones y algún masaje que ella misma solicita.
- Ya es suficiente esclavo; ponte en posición -exclama incorporándose mientras me dirige con su pié hacia el suelo. Me pongo a cuatro patas y ella se monta sobre mi espalda. Dos toques con sus talones en mis nalgas indican que debo iniciar la marcha.
- Yo de ti me esforzaría en que esto cambie mi despertar, no estoy de buen humor y me apetece muuuuucho pagarlo contigo -me susurra al llegar al baño, luego de que sus piés toquen por primera vez la alfombra. Dice esto acariciándome el pelo con una mano, recorriendo con sus uñas mi espalda y terminando con un sonoro cachete que me recuerda que debo esforzarme o lo pagaré muy caro.



Continuaré... o no... y queda el resto de tarea para vuestra imaginación... :P

lunes, 23 de julio de 2012

Sin vía de escape

- No puedes huir, no puedes evitarlo, no puedes hacer absolutamente nada. Estás cómo a mi me gusta que estés: en mis manos. Sufrirás el destino de tus propias ganas de reir. ¿Dulce condena no? Hummm... se me olvidaba que tampoco puedes hablar jajaja. Mejor, creo que va a ser una laaaarga noche y no está bien que interrumpas el descanso de la vecina del piso de arriba con tus ruiditos ¿VERDAD? -preguntó ella mientras sus dedos comenzaban a ritmo frenético la tortura prometida.

- MMMMMMmmmmFFFFfffhhh!!!...mmm..mmmff..mMMMMMMMMMGHHHHH!! -Mis palabras se ahogaban rápidamente en aquella mordaza.

- Sssssshhhh... Cállate. Pórtate bien y no me hagas enfadar, no te conviene y lo sabes. Ya veo que todavía no has aprendido quien manda. Aprenderás... no te preocupes jejej -me susurró al oído con una perversa sonrisa mientras su mano palmeaba repetida y suavemente mi cara.

- Basta de charla! Volveré a empezar a ver si esta vez sabes comportarte. - Exclamó propinándome una bofetada que resumía lo que esperaba de mí en este nuevo intento...

- mmff..mf...mm...

- Así me gusta muñeco... Vas mejorando! jajaja